lunes, 26 de octubre de 2009

Waslala! (Gioconda Belli)

*Sintió el pecho oprimido. Hacía tiempo que la condición humana no le producía esta entrañable ternura.
*Era absurda la biblioteca con libros que nadie leía y absurda la idea de conservar esas viejas fotografías. Era absurdo pero hermoso, dulcemente triste; un vínculo quebrado, desgajado, luchando por mantenerse. Así somos al fin y al cabo, sedientos de referencias para entendernos, para no sentirnos solos, para creer que nos seguimos los pasos en este camino hacia ninguna parte.
*Cuando pensaba que él era el protagonista de sus recuerdos, lloraba. Lloraba aunque el recuerdo fuera bueno, le dijo, porque le parecía que su vida entera era una gran nostalgia
*Era difícil imaginar que algo tan bello pudiese ser mortal, que la muerte pudiera agazaparse en los tonos iridiscentes jamás imaginados, en los rostros sobrenaturales, angélicos, que les nacieron bajo la luz alumbrándoles los huesos, los cartílagos, las órbitas, desde el ángulo imposible de un faro encendido en la misma sangre, en la atmósfera interior de cada cuerpo.
*Pensó otra vez en la soledad, en el instinto ciego de la especie humana de envolverse en crisálidas y ser, cada uno en sí mismo, un ente, un planeta solitario flotando en el silencio de un cosmos repleto de astros, estrellas.

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